lunes, 1 de noviembre de 2010

BANORTE

Hay una canción que al ritmo de un acordeón va ma'omenos así: "Que orgullo que soy del norte, del mero San Luisito por que de ahí es Monterrey". Confieso que durante 10 años fui residente de la sultana del norte, y durante esos 10 años nunca tuve una perspectiva como la que tuve durante la última semana. Actualmente vivo en la ciudad en la que nací hace ya casi 29 años, la ciudad de las flores pero ya sin flores, Xalapa. Pero no se trata de donde vivo, sino de donde viví.
Hablar de las tradiciones de Monterrey es algo sencillo para el ojo entrenado y observador. Es y ha sido trabajo de 10 años. Pero además de ello, el pisar la capital industrial del país activa algo que la nostalgia señalaba desde el tomar un taxi, después de que el vendedor aseguraba que había unidades suficientes… not.
Así pues, con un servicio de taxi, directo a la colonia Centrika, apenitas a un lado del distrito rojo nomàs. La misma plática del operador del taxi (de alguna manera les ofende la palabra chofer [no veo por qué]) lo asemeja a un autómata fiel a las características propuestas por Isaac Asimov hace ya algunas décadas, mucho antes del iPod y el ciberespacio. Clima, que si vi el partido de fútbol, -- hijole, no lo vi! Pedí a la sobrecargo (de nuevo, les ofende que se les llame azafatas, pero hay mas de uno que les dice: chachas de avión) pero me ignoró todo el vuelo. El operador no capta mi chistín y se ríe ¬¬.
Una vez ya en suelo firme. El aire se torna distinto. No, no es por que la proximidad a una cantera o la cercanía a la cervecería Temo/Moctezuma. El aire de la ciudad de las montañas es diferente.
Son las 9.30 del pasado meridiano y aún hay niños en la calle. No es de sorprender la hora, sino que jueguen e interactuen físicamente con un balón y no una red social. Su manera de protestar cuando su madre los llama a dormir es única en todo el mundo: "ay maaaaaaa, no quiero meterme todavíááááááá". La madre le otorga un indulto de 5 minutos "nomás!". Es una ciudad donde la palabra cerveza o chela se sustituye por "cheve". Donde abundan los puestos de tacos de lo que sea y los de "jatdogs" (vocablo para referirse a los perros calientes) escasean salvo en las zonas de antros (mas escasa aún que los puestos de salchichas en medias noches.
Especulación mediática sobre la situación de la narcoviolencia en la capital de Nuevo León genera un clima de inseguridad, donde uno esperaría ver balaceras en cada esquina como si se tratara de un mundo postapocaliptico, actuado por un mediocre actor en una película de bajo presupuesto. Es la vida real. Acá las balitas si hacen dañito y no hay hartas vidas o "sangres" como las habría en un video juego. Afortunadamente hubo saldo más blanco que el de mi cuenta de banco. Y ahí ya hablamos de pulcritud.
Hace años un amigo de un amigo tenía la "tradición" (por llamarle de alguna ética manera) de "ruletearle" por las zonas de antros y tugurios, para juzgar de manera caballerosa y libre de misoginia, disfraces de las señoritas en la noche de celebración pagana del halloween. Cero. Lo que una vez fue la zona de antros en el Barrio Antiguo, es ahora una zona para grafitos y malandrines. Los antros más exclusivos son ahora cantinas de mala muerte, si bien les fue. En la zona fresa del municipio más "rico" del país, San Petersburg o San Pedro, lo que le sea más fácil de pronunciar, es ahora nada. Ya no están abiertos los antros en los que los cadeneros (cáncer de la humanidad) despreciaban y seleccionaban a quien ingresaba según la ropa o el auto de llegada. Ni hablar si era un taxi del color que fuera. Triste y lamentable a la vez. Reflejo de una zoociedad en la que definitivamente, el miedo no anda ni disfrazado de burro.
Una ciudad que tiene 2 equipos de fútbol. Malos por cierto, pero con aficiones tan fervientes como el Peje a la presidencia real de México. Los Rayados y los Tigeres (hay quien los confunde con los Tigres, pero hasta la fecha creo que éstos podrían ser un 3er equipo de balón pie). No importa el resultado, cada fin de semana y a veces entre semana (cuando los equipos y la cadena de corrupción, suministros, cheschos, chelas, perdón, Cheves, edecarnes (perdón edecanes o modelos), revendedores, vendedoras de semillas (alias pepitas), tortas, agentes de tránsitos honestos, polecias, cacos, etc) atascan el estadio y sus alrededores, donde los vecinos están hasta el queque de que los "franeleros" vendan los lugares de estacionamiento en las entradas de las casas o edificios residenciales. Es un verdadero pain in the ass (dolor de… muela).
Más allá de un acento cantadito, más allá del gusto por la peor cerveza que podría existir (tecate y su variante pa la dieta, tecate light), por un gusto desmedido por el peor fútbol en la faz de la tierra, la ciudad en la que estudié es una ciudad.
Durante 10 años me jacté de que no hay nada que hacer o no había, al menos eso pensé. Pero 7 días no bastaron para hacer lo que se hizo durante una vida. Obras de teatro, fiestas de disfraces, fiestas de cumpleaños, visitas a la mejor librería en la que he estado, un moka latte con un shot extra de avellana, unos tacos del primo (de bisteck, por que la segunda opción en el reducidisimo menú era "machito"), un tour por la zona roja, [como diría un grupo formado en MTY, "Rojo color sangre"], unos tacos de mariscos para aliviar crudas, un clamatito con cerveza Indio, producida en la misma ciudad, hasta una visita a un supermercado que durante 10 años me vio hacer mis compras semanales de una presupuestada alacena.
Pero que sería de Monterrey sin su gente. Regios que no podrían ser así en otra parte del universo (aunque colonizáramos Marte) y no serían regios si lo hicieran. Gente influenciada por los güeritos del otro lado del river. Con tradiciones copiadas y mal entendidas como, y cito: "el tenksgivin" o el "jalowín" (acento en la í final). Sin embargo, como antecedí, así es su gente.
El olor de carne asada impregnado ya en el aire, la gente en el "porche" de sus casas meciéndose arrullados por el ruido de los coches o niños jugando, los oxxos y súper sietes (7-Eleven), las sodas en los menués de restaurantes y taquerías, el amor por un chupete chileno, y las malas producciones de televisión local. Esto es el Monterrey para alguien que vivió aquí 10 años y lleva 2 fuera. Esa es la visión actual de quien alguna vez miró con desprecio una ciudad a 1,000 kms., de la natal.

Qué con eso? Que Banorte es el banco fuerte de México y que con Paty Flores (ex-asistente y casi dueña de Los Pinos) están tramando muy buenos biznes (negocios) con el dueño del banco que descansa en las faldas del Cerro de la Silla).

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