viernes, 31 de julio de 2009

Pizzas y los cuates

Los jueves se volvieron una tradición con muy buen sabor y variedad. Una carta exquisita, unas bebidas amistosas. Un lugar que evolucionó de chelería a refugio. Un lugar donde las historias se exhiben cual galería de arte, pero sin firmas de autor. Punto de encuentro entre amigos.
Un menú aprendido donde las favoritas hacían gala. Nombres extraordinarios con mezclas todavía más fuera de lo ordinario. Pizzas con sabor, pretextos de reunión hechos de delgada masa al horno.
Sillas, sillones, bancas y banquillos. Cuadros de arte un tanto abstracto adornan la pared mientras en la cocina se cuece una comanda memorable que ha traído una vez más vida y ambiente. Música variada, pop argentino, tango fusión. La música era lo de menos. El baño hecho bodega. Limonadas y naranjadas.
Relatos del club de Toby, discusiones y consejos. Los temas... desde mujeres hasta traiciones. Recomendaciones de películas, críticas severas sin cabida a una defensa. Videojuegos. Génesis de nuevas aventuras. Mazeltov! Situaciones en las que solo los amigos presentes podrían identificarse y entender. Se volvió un estilo de vida, lejos, muy lejos de ser solo un lugar de pizzas, un lugar donde el cenar es eso, solamente ingerir y masticar cual animal rumiante. Disfrutar y aderezar una pizza centro de reunión. Ambiente único, una combinación de bohemio con alternativo. Lejos de lo hippie y lo fresa, oculto en un rincón de la estratosfera social.
Las palancas y el abuso del poder. Destruyen un refugio construido por historias entre amigos...

Gracias Lola.

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